El 10 de de febrero se conmemora el día de la memoria relativo al horror de la Masacre de las foibe. Es justo recordar, naturalmente: sobre todo, es justo recordar a las víctimas de la tragedia, haciendo valer lo que me gusta definir como el propósito paidéutico de la memoria, orientado a que las atrocidades del pasado no se repitan jamás. En cambio, es profundamente equivocado el uso ideológico de la memoria, tal como demasiado a menudo se aplica tanto en relación con la tragedia de los campos de concentración nazis como con la de las foibe de Tito.
Por uso ideológico de la memoria entiendo la incorporación de las tragedias históricas a un programa político, que termina por anexionar a las víctimas de los horrores del pasado a un entramado ideológico del presente y, de este modo, acaba también por violentar a las propias víctimas. Desde este punto de vista, el uso ideológico de la memoria de las foibe aparece hoy como la respuesta igual y contraria al uso ideológico de la memoria de los campos nazis: así como la izquierda neoliberal utiliza los campos de concentración a modo de clava moral contra la derecha neoliberal, también la derecha neoliberal, desde hace ya varios lustros, utiliza las foibe de Tito como clavo moral contra la izquierda neoliberal.
Por no mencionar, además, que, en lo que respecta a tragedias históricas, el capitalismo liberal no tiene nada que enseñar a nadie: baste recordar que hoy conmemoramos, con razón, la Masacre de las foibe y los campos de concentración con días específicos de memoria, pero no hacemos lo mismo con las dos bombas atómicas lanzadas por la “mayor democracia del mundo”. Es más, se afirma vergonzosamente que el lanzamiento de las dos bombas atómicas fue un gesto doloroso pero necesario. En definitiva, bien la memoria histórica, pero sin someterla a los usos ideológicos del presente.
Imagen: Masacre de las foibe

